Nuestra amiga Mónica Spear
He tratado a lo largo de 2 semanas tratar de digerir lo que ocurrió con
Mónica Spear, he leído muchísimos comentarios y opiniones, he visto una y otra
vez imágenes del caso y de la trayectoria que tuvo en vida, y la verdad, aún no
asimilo lo ocurrido, creo que debo venezolanizarme un poco más en ese sentido,
porque aquí en mi país la mayoría olvida fácilmente, a mí no se me hace tan
fácil. Uno de los comentarios que leí decía algo así como: “No es porque Mónica Spear haya sido Miss Venezuela o actriz, es porque
su muerte le puso rostro público a la realidad del país”, y sí, así fue,
para muchos que no están conscientes de la realidad en la que vivimos en la
República Bolivariana, o que sencillamente se niegan a ver lo que ocurre porque
no les importa o porque la Patria requiere esos “sacrificios”.
Se murió Mónica Spear, me
equivoqué al decir en mi perfil de la red social Facebook a pocas horas de su
muerte, me corrigieron diciendo: “ella no
murió, la asesinaron”, y es cierto, por una parte el resultado es el mismo,
cesó la vida de Mónica Spear, pero ¿se debe sentir lo mismo ante una muerte
natural que ante una muerte insospechada, violenta y trágica, y sobre todo
injustificada? La muerte en sí misma y de una forma retórica encierra una
injusticia emocional muchas veces dicotómica, porque por una parte sólo se
dedica a arrancarnos a seres queridos, llámense madres, padres, hermanos, amigos,
conocidos; pero, en otros casos y contrario a lo que muchos piensan, es hasta agradecida,
por convertirse en un alivio para el que sufre y padece de alguna enfermedad,
por ejemplo; pero cuando lo que se irradia es vida, bondad, alegría, ganas de
luchar, no puede la muerte más que causar un profundo dolor, y en este caso,
frustración, impotencia y desesperación.
En la República Bolivariana todos
los días roban a alguien, o mejor dicho, cada hora roban o matan a alguien, también
devalúan, persiguen, encarcelan, escasean artículos, secuestran, y ¿para qué
seguir diciendo lo que ya sabemos?; pero nuestra amiga Mónica, la Ciela, quien
a pesar de todo seguía, como mucho de nosotros, amando a Venezuela, no a la
República Bolivariana en la que nos hemos convertido sino a esa Venezuela
bonita en la que nos entendíamos o como dijo ella “en la que todavía existe
gente buena”; nos visitaba todas las noches para contarnos su transitar por la
Calle Luna, Calle Sol, o cuando pedía Que el cielo me explique, y así una a una
sus historias nos llenaban de intriga y de una realidad distinta a la de todos
los días, vimos y de cierta manera
vivimos con ella y por ella, cómo se convirtió en la Mujer Perfecta, en Flor
Salvaje, para luego vivir su Pasión Prohibida. Es cierto, no conocíamos a
nuestra amiga Mónica, pero nos visitó todas las noches durante algún tiempo
para hacernos soñar con otra realidad, con otra historia distinta a la que
leemos a diario en los periódicos, redes sociales y vemos en las noticias.
Nuestra amiga Mónica, esa que ya
no nos va a poder contar nuevas historias, anoche regresó para visitarnos y despedirse,
pero la realidad de la República Bolivariana nuevamente se la llevó de nuestros
hogares, esa realidad que nos censura, que opaca una noticia con otra peor, que
nos convierte en un reflejo de democracia, que nos limita, que nos devalúa, que
se lleva a seres queridos y que también se llevó a nuestra amiga Mónica, esa
que con tanto amor nos traía distracción y esperanza, más allá de la
resignación que nos inunda en esta Patria Nueva.
Hoy ya otra noticia debe
mantener la atención de todos, otra que desplazó el asesinato de nuestra amiga
Mónica, otra por la que veremos un show mediático que no sólo pretende sino que
a veces hasta consigue comprar conciencias y sembrar resignación en los bolivarianos,
no así en los venezolanos, o por lo menos no en todos.
Voy a cerrar haciendo alusión a
un artículo que leí, pero que critiqué, decía: “No conocía a Mónica, pero pude haber sido yo…”, y es verdad “Yo no
conocía a Mónica, así como tampoco conocí a muchos de los 25.000 que murieron
en el 2013, pero su amor por el país, ese que la trajo para encontrar la muerte
en sus carreteras, consiguió que el mundo entero se enterara y entendiera el
pesar que toda Venezuela vive a diario”… Ojalá su muerte no sea en vano
y que se convierta en el comienzo del cambio que DEBEMOS EXIGIR…
“La
resignación es un suicidio cotidiano”… Honoré de Balzac (1799-1850)
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